martes, abril 10, 2007

Pensamientos en el asiento del dentista

La boca abierta. Un poquito más. ¿Otro poquito más? Ahí está. Esta luz me está quemando la vista. Apenas puedo girar la cabeza, entonces muevo los ojos para leer los cuadritos que están colgados. Bah, en realidad hay un solo cuadrito, que se lo dieron por haberse recibido hace 50 años. O sea, que hace medio siglo que viene torturando gente. Hay que tener esa disciplina, eh. Yo calculo que en 50 años me aburriría de cualquier cosa. ¿Otro coso más me van a meter? Ya tengo como 5 mangueras en la boca: 2 que extraen saliva, algo que me quema la encía, otra cosa que aspira el humo de la encía quemada y un artefacto que me obliga a mantener la boca abierta. Esto es una tortura, pero me da risa verlos a él y a su esclava mirando mis zonas más secretas. No sé cómo no les da asco y cómo no me echan ya mismo. ¿Un buchecito? Claro, hijo de puta, seguro que con tu esclava se quieren seguir riendo de mi. No tengo problemas, no me van a humillar con un buchecito. Seguro que van a comentar mis hilos de baba apenas me vaya. ¿No me estarán filmando, no? Y yo con este babero puesto. Apenas si puedo embocar en esa escupidera. ¿Qué será eso negro que sale el buche? ¿Lo tenía adentro de la boca o será producto de algo que me metieron? Me quiero ir, si fuera por mi, me iría ahora, con esto por la mitad. Este viejo no me da respiro: habla más que mi abuela antes del Alzehimer. Está bien: abro un poquito más, pero sólo porque me quiero ir. ¿Cómo puede ser que no tenga más cuadros? ¿Será un matungo que no lo premiaron en ningún lado? ¿Yo tendré algún premio cuando tenga 50 años de carrera? Se ve que la tortura no era completa si además no me hablaba de su fanatismo por el golf y cómo sufrió a los mosquitos estos últimos días. Igual es cierto: hace un poco de frío pero los mosquitos no escarmientan. Al menos, dejó de contarme chistes. Me contó uno de un rabino y un cura y después otro que tenía como protagonistas a Mamá Mosca y Mosca Bebé. Encima, al rabino le puso mi nombre. Suficiente tenía con los chistes de gallegos en los que siempre hay un José, para que un rabino también se llame así. ¿Dónde se vio? Ningún rabino se llama José. Si pudiera hablar, le diría que me tiene los huevos llenos hace dos horas, pero apenas si llego a hacer un 'aja' muy gutural. La vida me dará revancha. Esto no va a quedar así, lo juro. Algún día voy a estar al volante de un auto sin chapa y vos vas a estar clamando piedad en la senda peatonal. Y te voy a dar como le dieron ayer al coreano en 'A dirty carnival'. Y después de que me cures esta muela de mierda voy a bajar del auto y te voy a dar batazos en las rodillas. No, mejor en una sola, así quedás rengo. Y recién ahí, recién ahí, estaremos a mano

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